¡Que empiece la fiesta!

¡Que empiece la fiesta!
Citas, reuniones o fiestas se trata todo de lo mismo, de un encuentro. Con más o con menos personas, lo que importa es el interés de compartir. Para los que cuentan con buenos amigos, una vida social activa, y gozan de generosidad, una forma creativa es tener la iniciativa para crear estas ocasiones de compartir.

Aunque vivamos en una sociedad que rinda tanto culto a la formas, lo que realmente marca la diferencia es la sustancia del contenido. Por eso pienso que una fiesta es mucho más que la comida, la música y la decoración. Se trata mucho más de lo que hay detrás de eso.

Existen muchas formas de abordar un encuentro, y para eso me vienen a la mente un collage de películas como: El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel; El guateque (1968) de Peter Seller; La fiesta de Babette (1987) de Gabriel Axel; El vientre del arquitecto (1987) de Peter Greenaway; las cenas de Io sono l’amore (2010) de Luca Guadagnino, y muchas otras que no menciono para no hacer la lista interminable.

Una fiesta tiene aspectos que para mí son fundamentales.

  • Una fiesta es algo que se individualiza a través de la personalidad de su o sus anfitriones, y no que se estandariza (como sucede tanto con el tema bodas).
  • Una fiesta es un encuentro festivo para celebrar una ocasión que se considere especial. No tiene por qué siempre tratarse de las típicas celebraciones de cumpleaños, bautizos, bodas, aniversarios, etc.
  • Hay dos fuerzas o actitudes que sostienen un encuentro: la del anfitrión y la del invitado, y lo que debe unir a ambos es la generosidad.

 

» Una visita es un encuentro, y el sentido original de un encuentro es el deseo auténtico de pasar un rato juntos para compartir con el otro, desinteresadamente, ofreciéndole lo que tengas para dar y recibiendo del otro lo que tenga para ofrecerte».

The Hospitality Hunter

 

  • El hecho de que haya que tomar decisiones para darle a los encuentros un tema, un rumbo, un carácter y un concepto no quiere decir que el transcurrir tenga que convertirse en un acto de control. De hecho, el azar y la espontaneidad son los mejores ingredientes de una fiesta. El misterio de no saber cómo se desarrollará o cómo acabará.

El fin de semana, ví la película The party, de la directora inglesa, Sally Potter. Si no la has visto puedes leer una crítica aquí o ver el trailer aquí o, si no, puedes escuchar mi versión.

La película, de corte teatral, cuenta un encuentro informal entre amigos que pretenden celebrar el triunfo de su anfitriona, Janet, una mujer que ha hecho carrera política durante los últimos años, apoyada por su marido, y que ha sido nombrada ministra de Gobierno. Janet invita a su círculo de amigos más cercanos para celebrar este triunfo personal. Los invitados van llegando, y a medida que lo hacen la trama empieza hacerse compleja, desencadenando una serie de sucesos que generan tensión y un conflicto entre los siete personajes que termina en un drama. Porque también hay fiestas que terminan mal.

…Y LA FIESTA TERMINÓ MAL

El compartir controversial. Cuando era niña había una regla social que era no hablar de política, sexo y religión, por ser temas polémicos y personales. Hoy en día ser polémico, el escándalo, sacarse los trapos sucios al aire, dramatizar se está popularizando cada vez más. El exceso de realidad se está imponiendo, con lo cual las fiestas más que celebraciones parecen reuniones de trabajos o catarsis colectivas. Muy al estilo La Celebración, de Thomas Vinterberg.

CINCO COSAS QUE YO VEO Y EVITO

1. Los que se quedan con sus parejas o con la persona con la que han llegado toda la noche.

2. Los que no hablan, porque piensan que no tienen nada que contar.

3. Los que no tienen intención de divertirse, sino de dejarse ver y de opinar.

4. Mantener largas conversaciones sobre las noticias, las tragedias, las quejas.

5. El exceso de control, como invitado y como anfitrión.

…Y LA FIESTA FUE ÉXITO

Existen personas que cultivan sus intereses hasta el punto de convertirlos en su realidad. Este tipo de anfitriones tienen necesidad de compartir ese mundo. Cuando un anfitrión tiene una riqueza interior e intelectual, el compartir también se enriquece.

He estado invitada a muchas reuniones, pero una ocasión destacada fue un evento que organizó un sacerdote de la Iglesia luterana de mi ciudad adoptiva. Fue una invitación pública a toda la comunidad para recaudar fondos para la iglesia. Para la ocasión, él mismo hizo la cerveza, horneó el pan, invitó a músicos callejeros y abrió las puertas de un lugar que pertenece a la iglesia, una estancia que funcionó como un osario durante la Edad Media. La atmósfera que se creó con estos elementos, además de la actitud del anfitrión, fue algo que no lo ha superado ninguna fiesta.

A pesar de mi poca tolerancia al alcohol, en aquella ocasión todos los presentes bebimos de forma desmesurada, y al día siguiente lo único que tuvimos fue el recuerdo onírico de haber vivido un sueño.

La composición de aquel líquido sagrado actuó, literalmente, como una droga muy pura que nos llevó a una especie de éxtasis colectivo. Sin notarlo, muy poco a poco, todos desinhibidos y alegres compartimos sin ningún tipo de prejuicios con los que iban llegando, cambiando de lugar. Parecíamos estar intoxicados con la secreción de la hormona de la felicidad.

MIS CINCO COSAS PREFERIDAS EN UNA FIESTA

1. Me encantan las fiestas donde todos se mezclan.

2. Donde surgen temas de conversación inesperados.

3. Donde el humor tiene espacio.

4. Resaca FREE.

5. Que no pretenden aparentar nada.

¿Qué tiene que tener una fiesta para ti? ¡Siempre gracias!

The Hospitality Hunter

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