La propina, ¿incomoda o adecuada?

La propina está relacionada con aspectos culturales de cada sociedad de consumo.

En Alemania no es obligatorio, pero lo normal es que se deje entre el 5 % y el 10 %. Una vez que el camarero/a dice el total, se paga aproximadamente el porcentaje, redondeando la cuenta hacia arriba.

Por otro lado, en EE.UU es obligatorio pagar por lo menos del 15 % al 20 %. En los países escandinavos, a diferencia de EE.UU, el oficio de camarero/a está muy bien pagado, y por eso no se esperan propinas.

En otros países, como en Francia el servicio está incluido en la cuenta. En España y en Italia, la propina, en los lugares de consumo cotidianos, se resuelve con algunos céntimos.

Con esto quiero decir que hay países en los que la propina parece una limosna, y otros donde parece una donación.

Saltándonos el hecho de si la propina está o no está incluida en la cuenta, la pregunta interesante como un hecho sociológico y de comunicación colectiva, sería: ¿qué hay detrás de una propina: una voluntad o una obligación?

¿Qué es lo que realmente validamos cuando se deja una propina? El servicio, una legislación, un protocolo, nuestra generosidad o nuestra mezquindad.

Muy de acuerdo con la experta en protocolo, María Gómez Requejo, pienso que la propina tiene que ver con el lugar, con el servicio, con la atención y con la calidad. Sin embargo, creo que la propina justa, además, debe incluir otro criterio, el nivel de generosidad y gentileza que cada quien haya desarrollado como individuo.

Cuando actuamos bajo principios de buena voluntad, la naturaleza de cada uno no se ve alterada por ninguna circunstancia económica, ni por ningún compromiso social. Es decir, no respondemos con vergüenza pública o con ego personal, sino con generosidad.

El problema es que la generosidad se ha convertido en un concepto condicionado: somos generosos solo con aquellos que conocemos, que nos caen bien, que ya amamos, aquellos que son amables con nosotros.

Hace algunos años, mi amigo Juan vino a visitarme a Madrid desde NY. Cada vez que salíamos a beber o comer, independientemente del lugar, él dejaba unas propinas desproporcionadas, teniendo en cuenta que España es un país acostumbrado a que la propina se deja con la calderilla. Advertirle de esta situación ayudó solo a que dejara menos, aunque seguía siendo muchísimo para los estándares.

Juan, además de ser una persona generosa, antes de que pudiera ejercer su profesión académica había trabajado ya como camarero sirviendo agua en la Gran Manzana. Para él, la circunstancia de dejar propina no solo está relacionada con su generosidad, sino también con su empatía. Por un lado, los valores que él encarna no se ven afectados, y por otro lado, él ni hace alarde de lo que tiene o puede, ni le molesta dar más de lo que se le cobra.

La generosidad es una forma de empatía, y la empatía funciona como un espejo que refleja reciprocidad

Hay una fundación de fotografía en Berlín donde suelo ir cada vez que visito esta ciudad. En una de sus paredes está inscrito un agradecimiento, con nombres y apellidos, a aquellas instituciones, empresas o personas privadas que hicieron donaciones para que este centro se conformara. Después de la lista mencionada, por último, agradecen también otras donaciones con las siguientes palabras:

… and to those donors who wish to remain anonymous…

Para mí, lo contrario de la mezquindad es la elegancia; la que se refleja en el atributo de la gentileza que es capaz de reconocer la gratitud en los gestos y la atención.

Como receptores de gratitud el mensajero tiene que ser más importante que el mensaje.

Como emisores de gratitud tenemos que poner el mensaje por delante de nosotros.

Hay muchos factores invisibles en el trato y la atención. Algunos son estados del alma que se manifiestan con pequeños detalles, con gestos sinceros desde una generosidad auténtica. Todas estas son señales claras de la riqueza espiritual de un ser humano.

No me gusta analizar ni entender los comportamientos sociales exclusivamente bajo la lupa de la sociología, sino bajo el macroscopio del concepto de humanidad, donde la palabra espíritu humano cobra un sentido coherente.

La propina como hecho y como término nos vale como excusa para reconocer cómo los individuos respondemos a los roles sociales aprendidos que han condicionado este comportamiento, pero también dejan sitio a que se revele la naturaleza humana.

La propina ideal debería manifestar, según lo expresa maravillosamente Luis Camargo, la incorruptible esencia de donde venimos, que es lo que finalmente determina la forma como nos relacionamos como sociedad.

Siempre gracias.

The Hospitality Hunter.

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