La falta de electrolitos necesita buenos alimentos

Impulsada por una necesidad de cambio en la cocina, un fin de semana, hace 15 años atrás, cuando vivía en Madrid, me apunté a un curso de cocina ayurvédica en un centro de yoga.

Para dictar el curso, vino directamente de la India un doctor que era una eminencia en el tema. Fueron dos días intensos de yoga y cocina en los que conocí especias y condimentos naturales, en todos los colores, sabores y olores. Las infinitas combinaciones que probamos fue una experiencia que me abrió los sentidos a una nueva forma no solo de cocinar y de comer, sino de entender la alimentación.

Aquel fin de semana, después de que acabó el curso quedé con amigos para salir en pleno centro de Madrid. De camino al lugar del encuentro me entraron ganas incontrolables de hacer pis, y como una emergencia entré a los servicios del McDonald’s. Cuando iba saliendo, vi a un hombre vestido con un Kurta, turbante incluido, que venía bajando cuesta abajo, por la calle, a la vez que yo iba saliendo por la salida lateral del McDonald’s, de Sol en Madrid.

Él reconoció mi cara al vuelo.

Yo pensé: ¡merde, el maestro!

Su expresión fue de shock.

Yo, en fracciones de segundos, me había montado un corto Bollywood. El maestro pensaba que yo había comido en McDonald’s, y que ese fin de semana no había aprendido nada y que era un fraude. Y en cuestión de segundos ante sus ojos me sentí un fiasco.

Después de aquel episodio ayurvédico no había vuelto a pisar un McDonald’s, ni para hacer pipí, pero hace dos fines de semana, estuve invitada a cenar, y la abundancia de la noche trajo una resaca de adolescente. Al día siguiente, mi fiancee me propuso ir a McDonald’s para recuperar electrolitos, en una versión trash, y cortar la resaca.

Llámame como quieras, pero yo desde hace tiempo que tomo conciencia y responsabilidad por mi salud, y sin ser ninguna fundamentalista, no voy haciendo campañas contra McDonald’s, pero tampoco a favor.

En un acto de inconsciencia-flexible y contradictorio, (porque en este periodo de mi vida soy vegetariana), fui pensando que hasta una porción XXL de papas fritas me ayudarían a recuperarme.

Antes de seguir tengo que reconocer que yo me quedé con una idea del fast food como la que tenía hace 20 años atrás, cuando vivía en otro tipo de ignorancia alimenticia, y aunque soy una persona que no se sorprende por cualquier cosa, comencé a escandalizarme desde que aparcamos en aquel polígono industrial.

De camino a la entrada me empecé a disfrazar. Llevaba un abrigo con capucha, y me la dejé puesta, como si fuera una rapera, por si acaso me encontraba al maestro ayurvédico.

Durante aquella tarde oscura de invierno, el parque infantil estaba sin niños, pero lleno de fumadores. Según cruzamos el portal comencé a sentirme rara, la resaca se me empezó a pasar. Y aquí lo que viví:

10 IRONÍAS

  1. Los pedidos se hacen en unas pantallas gigantes donde escoges los menús, las bebidas y los extras con un sistema de touch pad. ¡Muy impresionante!
  2. McDonald’s ha incluido una hamburguesa vegetariana en su oferta. ¡Muy sorprendida!
  3. En estas mismas pantallas robots, pagas y recibes un numero con el que una vez hecho el pedido puedes irte y sentarte directamente en una mesa y poner el numero a la vista para que alguien del personal se encargue de llevarte el pedido hasta tu mesa. ¡Muy práctico!
  4. Las mesas tienen enchufes, imagino para que mientras comen, puedas cargar el móvil. ¡Muy útil!
  5. No solo había un rumor acústico de base, sino un ruido visual. La iluminación era similar a los de los probadores de H&M. ¡Muy Las Vegas!
  6. La música era POP actual de radio. ¡Muy mainstream!
  7. Todos los clientes, incluyéndome por supuesto, parecíamos personajes de Idiocracy. ¡Muy actual!
  8. Las cajeras siguen siendo cajeras, pero ahora son también camareras y, además, se encargan de la limpieza del local. ¡Muy conveniente!
  9. En esta filial y en el turno que yo fui, las personas que trabajaban se veían particularmente estresadas e insatisfechas. ¡Muy raro!
  10. La hamburguesa vegetariana, sabía a no sé qué sabía. ¡Qué raro!

 

La ironía no se si viene de mi parte o si ya tiene patrocinante. En todo, caso me vale para señalar estos escenarios que parecen escenografías, que ofrecen una oferta que caricaturiza lo auténtico, que crean un ambiente artificial que inquieta los sentidos, que funcionan con una política de servicio despersonalizada; que crean insatisfacción a sus empleados haciéndolos trabajar en piloto automático, con rapidez y produciendo atropellos, para vender una comida desalmada.

Siempre gracias, por leerme.

The Hospitality Hunter.

2 Comments
  • María Estela girardin
    Posted at 17:15h, 29 enero Responder

    Me encantó tu relato. No porque vaya a comer (lo que se dice comer-alimentarme) en un McD (de hecho, nunca me he comido una hamburguesa ahí ni en ningún otro local), pero porque también estoy en etapa de descreimiento de cualquier fundamentalismo alimentario. Y me identiqué contigo también porque suelo buscar y entrar a los Mac solo por ir al baño, aunque ahora la han puesto difícil pues están con llave, y he tenido que inventar estrategias varias para entrar.

    • Yuly Rodriguez Navarro
      Posted at 17:26h, 29 enero Responder

      Hola, Maria Estela. Siempre reconforta saber que se nos se esta solo en este mundo ínsolito.

Post A Comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies